LUIS DE GÓNGORA

LUIS DE GÓNGORA
POESÍAS
Romances • Letrillas • Redondillas • Décimas •
Sonetos • Sonetos atribuidos •  
Poemas • Soledades • Polifemo y Galatea •
Panegírico • Poesías Sueltas
Prólogo de Anita Arroyo
Editorial Porrúa • MÉXICO 

Noche de perros · Nuit de chiens


NOCHE DE PERROS
Manuel Garrido Palacios
1ª edición: Ediciones AR · Sevilla
2ª edición: Calima Editores · Mallorca
3ª edición: Ed. L’ Harmattan · Paris (Trad. al francés)

ALOSNO, PALABRA CANTADA

ALOSNO, PALABRA CANTADA
(El año poético en un pueblo andaluz)
Manuel Garrido Palacios
Prólogo de Julio Caro Baroja
1ª edición: 1992 · 2ª edición: 2008
Editorial Fondo de Cultura Económica
Madrid · México


Este es un libro en el que la Poesía ocupa el mayor lugar. Por eso puede parecer extraño que su autor, Manuel Garrido Palacios, haya pedído que lo prologara persona sin ninguna capacidad activa en este orden. Hay, sin embargo, una razón lejana y oculta para que así sea. El que escribe estas líneas lo hace treinta y nueve años después de haber pasado unos dias inolvidables en El Alosno y en otros núcleos de población de esa tierra de Huelva, tan llena en conjunto de verbo poético. Durante ellos asistió a fiestas primaverales como la de la Cruz, a romerías campestres y tomó gran cantidad de notas, dibujando todo lo que pudo. Gran parte de éste trabajo ha quedado años y años durmiendo en carpetas y esperando la coyuntura de poderlo completar y perfeccionar. La coyuntura, como tantas veces en la vida humana, no llegó jamás. Sí ha llegado, en cambio, la ocasión de comprobar que ciertas impresiones e intuiciones formadas durante aquellos dias lejanos, tenían un fundamento muy sólido.
Andalucía es enorme; es tambien variadísima de Este a Oeste y de Norte a Sur. Sus bellezas son variadas en consecuencia. Lo que los ojos captan de modo rápido, los oídos lo van cogiendo mas lentamente y es de belleza mas sutil y dificil, porque es música y palabra y ante la palabra hay que realizar un esfuerzo, sobretodo si no se es del pais, para sobrecomprenderla y alcanzar su belleza. Andalucía es tambien tierra de poetas y de poetas no siempre fáciles. Es por último increible la cantidad de juegos de todas clases que el pueblo andaluz realiza con las palabras, a las que les da, en sí, un valor objetivo podriamos decir. En esto se sitúa en el polo opuesto a aquel en que se coloca el viejo Demócrito al afirmar que las palabras no son mas que sombras de los actos; pero hay que aceptar tambien que en cada parte y aún en cada lugar de Andalucía las palabras, el verbo en suma, tienen expresiones muy variadas y matizadas como es variada la fonética de la lengua. En relación con ésto, algo de lo que primero me llamó la atención en tierras onubenses fué, precisamente, el sonido al hablar, que me pareció muy armonioso, así como la música de las canciones y de los bailes que allí se conservaban de modo diferente a como ocurría en otras partes, que acababa de recorrer: las Alpujarras, la sierra de Cádiz, la campiña de Córdoba. Pude comprobar, por ejemplo, que canciones que me cantaba de niño mi abuela, aprendidas cuando recién casada, allá hacia 1868, vivió en las Minas de Rio Tinto, seguían cantándose de la misma manera que ella las cantaba: en El Cerro, en la Puebla de Guzmán y en el pueblo que es objeto de este hermoso libro: Alosno. Su título anuncia con exactitud lo que contiene: 'Alosno, palabra cantada'. Podría subtitularse: 'El Año poético en un pueblo andaluz'. El Año con sus ciclos de trabajo y sus fiestas, es parecido en muchas partes de la Europa católica, porque a lo largo de el corren Navidades y Carnavales, Cuaresmas, fiestas de Mayo y San Juan, fiestas de verano y otoño... tiene rasgos semejantes en líneas generales en Andalucía y aún lejos de Andalucía.
¿Pero qué pueblo habrá, me pregunto yo ahora , capaz de dar una expresión verbal tan abundante y rica a ese ciclo festivo general?. Alosno canta y expresa sus emociones colectivas de modo que asombra. Manuel Garrido Palacios ha contado con una serie de informantes que le presentó mi amigo Manuel Lisardo Bowie, hijo de Doña Margarita, la cual, el tiempo en que yo andaba por allí, era como la tradición encarnada. Lo sabía todo, podía hablar de todo lo referente al pueblo y en el momento organizaba las fiestas de Mayo, acerca de las que tanto se dice en este libro.
Podría escribirse un denso comentario a lo que en él se recoge, desde un punto de vista técnico, folklórico y etnográfico: pero no es esta la ocasión. Creo que en primer lugar, le quitaría perfume, Poesía en suma. Dejemos, pues, que Alosno cante y oigámosle cantar.

© Julio Caro Baroja
Fotos: Archivos familiares alosneros y Héctor Garrido

LA ANTROPOLOGÍA MÉDICA EN ESPAÑA

LA ANTROPOLOGÍA MÉDICA EN ESPAÑA
Comp. y Prólogo de
Michael Kenny y Jesús M. de Miguel
Editorial Anagrama 

HISTORIAS DE UN DESTIEMPO

HISTORIAS DE UN DESTIEMPO
(Cuentos)
Manuel Garrido Palacios


Desde que en 1998 Manuel Garrido Palacios diera a las imprentas mallorquinas 'El clan y otros cuentos', libro en el que ya daba cuenta de un mundo personal e intransferible que se encontraba en los límites de lo real, su autor ha ido escarbando en un universo que tiene tanto de onírico como de real, tanto de cotidiano como de mágico, todo ello localizado en un tiempo que es a la vez destiempo, donde muerte y vida no forman nociones distintas de lo real, sino que se imbrican, se funden, forman parte de un entramado que tiene mucho más que ver con los intramundos que con el mundo conocido propiamente dicho. No otra cosa ocurre, por ejemplo, en sus novelas del ciclo de Herrumbre, lugar que sólo existe a través de los hilos, los desórdenes y las trabazones de la memoria, y donde el tiempo se convierte en un pasado continuo que ni empieza ni acaba porque su transcurrir es del todo indiferente, puesto que las cosas suceden en un pasado ajeno al tiempo, es decir, en el más puro destiempo.En la escritura narrativa de Manuel Garrido Palacios, el tiempo, o el destiempo, como prefiera, aparenta jugar un papel residual, ajeno al conflicto que una y otra vez aqueja a los personajes, pero aceptemos que es esta cierta ausencia temporal, la que determina la atmósfera pasmosa y pasmada en la que se desenvuelven las vidas de estos habitantes del destiempo, que parecen moverse como cautivos, como fantasmas atrapados en una botella de cristal, abombados por la distorsión de ese lente, lo que inevitablemente nos acerca a los espejos del callejón de los gatos de Valle. Y es que el mundo de Manuel Garrido Palacios, que tanto tiene de rulfiano precisamente en la acotación mágico-temporal y en esa cierta obsesión por el destiempo, se sostiene sobre un mundo esperpéntico, pues cuanto Manuel nos propone está visto desde la deformación de una realidad que unas veces nos parece extrañamente cómica, trufada de obsesiones variopintas, escatológicas, entre cuyas bambalinas se esconden Bocaccio o nuestro Arcipreste, mientras que otras veces se muestra trágica, si bien la tragedia, al deformarse, presenta rasgos que la suavizan, humanizándola.
Pero centrémonos en la deformación de la realidad, capítulo en el que Manuel Garrido Palacios ha encontrado su horma. Tal deformación habría que atribuirla acaso a su larga trayectoria como hombre de cine, a esa impronta de maleabilidad que el cine impone sobre lo real, pero también, claro es, a que Manuel, procede de un territorio mental donde las cosas no eran exactamente lo que aparentaban y la razón se sostenía a duras penas y sólo en zonas muy concretas de la existencia, porque todo giraba sobre una cierta proyección mítica, legendaria, ficcional, en el que el hombre era un simple muñeco sojuzgado por los hilos del destino y la naturaleza. Hoy, cuasi desaparecido ese universo que aún nos unía umbilicalmente a lo mítico, nos queda la escritura de Manuel que pervive y persevera en ese universo mágico y cotidiano en el que voluntad es todavía destino y en el que Naturaleza es todavía razón.
Manuel Garrido Palacios es un escritor puramente atmosférico, que sitúa a sus personajes más en el espacio que en la cronología, más en sus arduos conflictos y en sus extravagantes derivas a que les arrastran sus recovecos internos. Las acciones que traza el libro que nos ocupa, discurren en trazados temporales, pero lo interesante de los personajes y las acciones no está tanto en el discurrir como en el ser de cada uno de los personajes que aparecen por estas páginas que se esfuerzan en seguir una partitura descabalada, que es en realidad una sucesión de pequeñas luces en la vastedad alucinada de la conciencia.Como lectores poco nos importa en qué lapsus temporal o espacial se las arreglen los personajes de estas Historias de un destiempo, sino la luz que proyectan sobre nosotros, así como la capacidad de penetración que atribuimos a unos seres que al ser fruto no de una realidad exterior sino de un universo interior, nos llegan de una manera más subrepticia, pero más intensa. Porque hay escritores que cuentan, que fijan una historia y la van bordando, mezclando y anudando los hilos con precisión, componiendo un tapiz en el que somos meros espectadores de una historia o de un prodigio; son escritores sedativos que todo lo dirigen a la narración de una anécdota más o menos compleja y más o menos ilusoria y previsible, pero que son incapaces de bucear en ese pozo de luces inquietantes que es el hombre. Sin embargo, Manuel Garrido Palacios nos deja en los apeaderos de una región desconocida, ajena al tiempo y sus miserias, donde uno se reencuentra con su memoria genealógica, con los tablones de un hemisferio apolillado, sí, en tenguerengue, sin duda, pero que aún corre por nuestra sangre.

© Manuel Moya
© Portada: Héctor Garrido

TOTEM Y TABU


SIGMUND FREUD
TOTEM Y TABU
Traducción: Luis López-Ballesteros
Alianza Editorial

TORIBIO DE BENAVENTE


FRAY TORIBIO DE BENAVENTE
“MOTOLÍNIA” 
HISTORIA DE LOS INDIOS DE LA NUEVA ESPAÑA 
Introducción y notas de Giuseppe Bellini 
Alianza Editorial

LA PIPA SAGRADA · ALCE NEGRO

LA PIPA SAGRADA 
LOS SIETE RITOS SECRETOS DE LOS INDIOS SIOUX 
relatados por 
ALCE NEGRO 
recogidos y anotados por 
Joseph Epes Brown
Versión castellana de 
Esteve Serra 
TAURUS


Alce Negro era el único sacerdote cualificado de los antiguos sioux oglala que vivía todavía cuando se escribió La pipa sagrada. Este es su libro: se lo comunicó oralmente a Joseph Epes Brown a lo largo de ocho meses que éste pasó en la reserva de Pine Ridge, Dakota del Sur. Alce Negro describe y examina los siete ritos que fueron mostrados a los sioux a través de visiones, empezando con la historia de la primera visita de la Mujer Bisonte Blanco a los sioux con el fin de darles la pipa sagrada, y continuando con la danza del sol, el rito de purificación, la {(custodia del alma», etc.; ritos que conforman esta admirable religión y cosmografía. 
Ed.

GASPAR DE MORALES


GASPAR DE MORALES 
De las virtudes y propiedades maravillosas 
de las piedras preciosas 
Prólogo, introducción y notas
J. C. Ruiz · Editora Nacional

EL SABER GRIEGO


EL SABER GRIEGO

(Diccionario)
Jacques Brunshwig / Geoffrey Lloyd
Prólogo: Michel Serres
Editorial Akal

LAS FALSIFICACIONES DE LA HISTORIA


LAS FALSIFICACIONES DE LA HISTORIA
(en relación con la de España)
JULIO CARO BAROJA
Círculo de Lectores

PETER BURKE

PETER BURKE
La cultura popular en la Europa moderna
Versión española de Antonio Feros
Alianza Editorial 

LA SELVA DE LOS TÓPICOS

EMILIO TEMPRANO
ESPAÑA · LA SELVA DE LOS TÓPICOS
Prólogo de Julio Caro Baroja
Mondadori · Omnibus

EL BALUARTE

EL BALUARTE
Director: Juan Luis Álvarez del Busto
Anuario de la Asociación Amigos de Cudillero
Asturias

Estelle Irizarry

Estelle Irizarry
Dos poetas de Huelva en América:
Juan Ramón Jiménez, cronista;
Odón Betanzos Palacios, juglar.
Fundación O.B.P. Rociana
Col.. Investigación. Minor


La crónica de Indias y el romance: he aquí dos géneros profundamente arraigados en el suelo patrio de dos autores onubenses que como los aventureros y descubridores de su glorioso pasado histórico y literario, nos enseñan con su ejemplo que la cultura de buena ley se construye sobre el pasado, no lo borra, y que se sigue enriqueciendo con el genio individual de los autores de talento. ¿Quién hubiera dicho que el artista de la 'poesía pura' se volviería cronista de Indias, ni que un poeta de gran conciencia cívica, ética y cultural, que llegó a Manhattan con el dolor de una España dividida a cuestas, encontraría en el acervo literario romancesco proféticas visiones para una España unida? Ambos poetas, separados de su geografía nativa, lograron mantenerla viva. Poblaron desconocidos mundos nuevos con el verbo poético y con el recuerdo. La crónica y el romance, dos modos de conservar el pasado y transformarlo en presente, de vencer los límites del tiempo y del espacio, renacen con nuevo vigor en dos poetas de Huelva, Juan Ramón Jiménez y Odón Betanzos Palacios. Con estos géneros que en otros tiempos condujeron a España a un Siglo de Oro, los dos poetas onubenses, en distintas generaciones y en distintos lugares de viaje, quedaron ligados a su tierra y a su patria, y españolizaron al Nuevo Mundo con el heroísmo de los descubridores de antes. Realizaron en tierras americanas del siglo XX su suave invasión poética, enseñándonos que las raíces culturales en manos de los grandes artistas aún dan nuevos frutos.

© Estelle Irizarry

CLAUDE LEVI-STRAUSS

MITO Y SIGNIFICADO
CLAUDE LEVI-STRAUSS
Eduición y notas de Héctor Arruabarrena
Alianza Editorial

NICOLÁS MAQUIAVELO


EL PRÍNCIPE
NICOLÁS MAQUIAVELO
Estudio preliminar de Ana Martínez Arancon 
Traducción y notas de Helena Puigdomenech 
Editorial Tecnos

Problemas y secretos maravillosos de las Indias



JUAN DE CÁRDENAS
Problemas y secretos maravillosos de las Indias
Edición de Ángeles Durán
Alianza Editorial

TARTESSOS EN EL TIEMPO

TARTESSOS EN EL TIEMPO
Jesús Fernández Jurado
(Premio Ernesto Cardenal 2010)
Prólogo de Manuel Garrido Palacios

Muchas páginas históricas de Huelva podrían escribirse desde sus cabezos, gigantes amarillos que ya se erguían silenciosos ante los antiguos viajeros y que no han dejado de tener protagonismo a lo largo de los siglos. En las cuevas de los del Conquero, hoy allanadas y engullidas por mansiones de lujo, vivía la gente marginada que no tenía sitio en la ciudad. El de la Horca carga con su oscura leyenda. El de la Esperanza parió una tarde una urna funeraria y un diente de tiburón. El de la calle Aragón, trágico por el derrumbe, sostiene en su cima un milenario lienzo de muro. El del Pino ofrecía ramas y mesetas para el columpio y la comba. El de la Plaza de Toros daba la mejor lama para bolindros de butre y grada gratis a los que lo trepaban para ver torear al Litri. En el de la Morana se descubrían conchas por los pasadizos tallados por el agua. En todos estrenó el amor parte de una generación medianera entre un ayer de encanto pueblerino y un desasosiego de urbe. En la cornisa del que bordea la Cinta se reunían los pastores al atardecer para juntar las piaras y arrimarlas a los corrales; punto alto sobre el camino a Gibraleón, la marisma y el río, que puso a soñar a alguien con antiguas naves fondeadas en los esteros y soltar en voz baja que de la tierra, el cielo y el mar nació Tartessos, visión poética de quien sólo sabía de sueños ante una realidad en la que ni pedía juguetes a los Magos, sino un bollo, cinco higos, tres bellotas.Pero no hay sueño sin un pie en la tierra, aunque el soñador tenga la mente en las nubes y el mar de marco. No hay idea, por abstracta que sea, sin raíces prendidas al suelo, ni especulación que no parta de un suceso tangible, ni hecho que no guarde sus razones, como pasa con la petición del autor de ‘Tartessos en el tiempo’ a quien esto escribe de unas líneas previas para su obra. Un prólogo es el umbral por el que se accede a un edificio levantado con palabras; palabras que son sombra de hechos; hechos de los que afloran restos; restos que son fuentes materiales en las que el investigador bebe. Podría parecer extraño que Jesús Fernández Jurado confiara un prólogo a quien no tiene más actividad en esta disciplina que la de acercarse humildemente a ver qué es Tartessos, pero no es tan extraño si vemos que las razones que conforman su decisión se condensan en una sola: su generosidad. A sabiendas de que una historia es más bella cuando se cree que cuando se estudia, quizás el autor haya querido que abra las puertas de su libro la imagen idealizada que se grabó en la plastilina de mi generación, cuando de niños sólo sabíamos de Tartessos que su nombre flotaba en el aire salobre de esta tierra, Argantonio arriba o abajo. Desde el Santuario de la Cinta imaginábamos en la ría las naves fondeadas mercadeando lo que se terciara para con la primera marea regresar al horizonte. Veíamos, sin ver nada, cada nave como un puente que unía el mundo conocido con este sur de Europa, el medio de relación entre pueblos alejados entre sí, el vehículo para entender “los procesos económicos, culturales e ideológicos” que emergían a partir de que un vendedor y un comprador estrenaban comercio en una playa. Desde entonces, por más que he intentado hallar respuesta a si los tartesios eran los de la orilla, o los llegados de fuera o la mezcla de ambos, el esfuerzo sólo me ha dado la incertidumbre cierta de que los tartesios eran los de la orilla, o los llegados de fuera o la mezcla de ambos. Con tan preciso panorama fue fácil caminar por los ecos hasta la cornisa del cabezo, desde cuya altura todo tomó forma de mito, entendiendo por mito no una mentira, sino la verdad invertida que hace que sea fuera lo que sólo es dentro, para eso somos inasequibles al vacío que produce la ignorancia. Pero Tartessos no respondía del todo a la ambigua realidad del mito, ya que tanto las escasas fuentes escritas, que emitían latidos de su ser real y no imaginado, como los hallazgos habidos en las excavaciones merced al trabajo sistemático de los especialistas, eran datos tozudos, aunque propios para el análisis de los investigadores, no para el sueño de la generación que jugaba en los cabezos, o en las compuertas del Molino, o en la Vega o en la Merced, para la que la pobreza de noticias sobre Tartessos hacía que el vocablo sólo diera nombre al sueño, sin más respaldo que lo que cada cual imaginara en aquel colegio sotanero con maestro republicano. Sin embargo, casando lo que se le escapaba a don Enrique casi en susurro –no fuera a ser antialgo y lo estamparan contra el paredón– con el menudeo diario, se llegaba a comprender por qué las personas de aquel mundo –parientes, allegados, vecinos, artesanos, municipales, gruístas, embarcados, pescadores, rederos, constructores de chozas, criadores de cerdos, carpinteros de ribera, mineros de Tharsis o los que pasaban por allí camino del alfolí, el salaero o la mojama-, no soltaban prenda sobre Tartessos en sus conversaciones. Para la chiquillería de la época hubiera sido un cuento abuelero enriquecedor, justo para contrarrestar el protagonismo de héroes justicieros que se nos pegaban al alma como el Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín, Jabato... Hoy pienso que nadie decía nada sobre un pasado tartésico porque Tartessos no era para ellos un pasado, sino la continuación de un lejano ayer en el presente puro y duro, ya que vivían y actuaban en el escenario común representando idéntico drama desde milenios atrás, cuyo argumento era tan simple como gastar este algo entre dos nadas que es la vida según el ánimo de cada instante. Sin saberlo explicar, ellos se sentían a su modo parte de una cultura antigua, perdida en el laberinto de los orígenes, con sus dioses y diosas, sus hambres, sus hartazgos –menos–, sus mandamases –aunque no se llamaran Argantonio, vocablo que pobló el imaginario colectivo y del que aquel maestro nos dijo lo que sabemos ahora: que está hecho del nombre que los celtas daban a la plata, arganto–, y sus comerciantes, cambistas, navegantes, mineros, chipichangas de puerto..., o sea, un pueblo llano dándole al cedazo de los días para sacar la miga de la subsistencia mientras los jefes de turno cerraban tratos con los visitantes:

Las pastoras van solas
con el rebaño,
que los pastores
están ajustando cuentas
con los señores.

¿Por qué las gentes de a pie del agua del Tinto o del Odiel iban a extrañarse de que siete siglos antes de este apaño de Era hubieran existido otros como ellos, que hacían las mismas cosas? No queda ahí la especulación de aquel tiempo, sino que al observar el patio de vecinos, el barrio, la ciudad entera o un amplio círculo alrededor, tampoco era raro ni nuevo que los jóvenes bajaran a las minas de la gran franja rica en yacimientos, ni que una parte del fruto extraído se fundiera para convertirlo en joyas menudas que las diteras vendían a plazos por los patios, ni que ese intercambio propiciara un comercio indeclarable –lo que puede la tradición–, ni que de los barcos fondeados en la bella y maltratada ría se alijaran prendas para el mercadeo en tierra, ni que no existiera escritura propiamente dicha, sino unos signos detrás del almanaque con el te debo me debes del panadero o del de la fruta, ni que las leyes se agarraran a la memoria porque lo de leer se resistía, ya que el alfabeto no era de dominio público. En cuanto a echar el corazón fuera cantando, a pregonar el sentir en versos, ¿valdría con decir Alosno, que aún no paró de hacerlo? El muro con el que se topaban al final de su vida era el mismo que el de ahora. Nadie sabe qué se cantaría entonces, pero su fondo no podía diferir mucho de...

Cuando la muerte se inclina
a llevarse a los mortales,
ya no valen medicinas
ni los grandes capitales;
mandan las leyes divinas.

Nada de esto era ajeno al ámbito que viví de zagal. Si el maestro José hacía formeros para enaguar vírgenes, ¿quién era el artesano tartesio y a qué imágenes tomaba medida? No lo nombro por buscarle clientela, sino por subrayar que todos estos ecos desafinados suenan en orden al asomarnos a este hermoso libro cuando el autor dice que en la “Andalucía atlántica, pronunciar la palabra Tartessos es desencadenar una tormenta de emociones, de sentimientos que rebosan de leyendas, de antigüedad, de mitos y de deseos, de riquezas mineras y de historias de una Historia cierta que aún desconocemos y que quizás nunca logremos aprehenderla, ni siquiera asumirla como propia. Tartessos es una palabra que pretende definir, y al tiempo encubre, la realidad que fue mitificada; una voz que antes fue muchas otras en la transmisión oral de los que aún recordaban quiénes eran y de dónde procedían, sin saber a ciencia cierta hacia dónde iban” La respuesta la tendrá siempre el arqueólogo, que, en su papel de “historiador en sentido estricto”, ante la penuria de otras evidencias para llenar el gran vacío, es capaz de aportar a nuestras vidas la reconstrucción de un tiesto a partir de un fragmento minúsculo, o de extraer una verdad de la entraña de un grano de trigo. Esto no quita sabor al mito, tesoro poético que embellece la historia de cualquier país “La de España –según García y Bellido– tiene el privilegio de comenzar con los dos enigmas más sugestivos de la historia del Occidente europeo: el de Atlantis y el de Tartessos” Y advierte que “la mayor desgracia que puede ocurrir a la historia de un pueblo es que un día lleguen a descifrarse sus enigmas, que sus leyendas se conviertan en historia, que sus héroes y semidioses se reduzcan a seres humanamente palpables. Si conociésemos lo que hay de real y verdadero tras estos entes creados por la fantasía de los pueblos, perderíamos al punto un rico tesoro de sueños y ensueños porque la verdad es a veces triste. El hombre prefiere a la posesión de la verdad absoluta el difícil pero bello camino sembrado de dudas, misterios y enigmas que conducen a ella y nunca la alcanzan” Por si el ánimo de soñar decayera, Jesús Fernández Jurado escribe en otras páginas que “la cocina de Huelva no es el resultado de un desarrollo de lo gastronómico que pudiéramos considerar reciente, sino de la evolución y afianzamiento de una tradición culinaria que, sin exagerar un ápice, consideramos al menos trimilenaria y enraizada en aquellas gentes tartesias...” Para Julio Caro Baroja todo se halla mezclado: “...fábulas inventadas por los marinos, trozos de leyendas indígenas, teorías mitológico-geográficas ideadas por eruditos..., son demasiadas las alusiones para despreciarlas, aunque tampoco conviene que nos dejemos fascinar por ellas” Si una leyenda es una historia no contrastada, una historia puede ser una leyenda contrastada. La historia se nutre de datos y de interpretaciones. A la leyenda le basta un soplo para tejerse y poblar los sueños. Y así vamos en el barco de la noche -como late en la Odisea-, sin renunciar al sueño y a la vez esperando que la aurora de lo real abra camino en plena marea. Mientras la proa avanza –sigue Caro Baroja– “para explicar y describir armónicamente la vida social andaluza de épocas tan remotas, parece lo más propio comenzar contando un mito y glosarlo después, porque, si estamos lejos del tiempo en que se aceptaba entre los eruditos e historiadores toda referencia mitológica como dato positivo, también lo estamos de aquellos tiempos en que se creía que las narraciones fabulosas habían de ser sistemáticamente rechazadas”. De la tierra, el cielo y el mar nació Tartessos. Ese fue el sueño de quien, sentado al borde del cabezo al lubricán, veía cómo el resplandor de los viejos dioses se ocultaba por Bacuta. Que toda historia haya de tejerse con hilos forjados en la investigación más rigurosa no quita para que en paralelo corra con vida propia la incertidumbre de la fábula, del mito, del sueño, porque, bien mirado, la Poesía nunca hizo daño a nadie.

© Manuel Garrido Palacios
© Imagen de portada de Carmen García Sanz
(Pluma de pavo real. Referencia a los productos exóticos que llegaban a Tartessos)

SEMÁNTICA y POESÍA

MAURICIO MOLHO
SEMÁNTICA y POESÍA
(Góngora. Quevedo)
Editorial Crítica

Las Soledades, el Buscón y la lírica de Quevedo como punto de partida para indagar sobre la complementariedad de semántica y poética. Para Molho, la metáfora de Góngora es un discurso por definición monosémico que se resuelve en una pluralidad de significados. La originalidad gongorina está en hacer del lenguaje modelo profundo del poema: las Soledades no copian tanto la realidad cuanto compiten con ella, al construir un lenguaje a imitación del propio lenguaje y de las relaciones sobre las que éste se funda. Molho define el arquetipo de la novela picaresca y explica el Buscón como una interacción entre estructuras literarias y sociales. La poesía quevedesca se analiza como nacida de una difracción, por la que el concepto marca la ruptura de la analogía entre los objetos.

Ed.

Touches blanches. Touches noires

TOUCHES BLANCHES. TOUCHES NOIRES
(Roman)
Manuel Garrido Palacios
Traduit de l'espagnol por
Marie Claire Durand Guiziou et Jean Marie Florés
Ed. Le Soupirail · Francia


« Tu seras une gloire tout en étant un pou. »
La guerre a le visage de Mambraseca. Village dépeuplé perdu au milieu des trains de scories d’une ancienne mine de charbon, hameau qui en savait long sur la vie et la mort au rythme des « paseos » des camions de l’aube, en proie à l’autorité d’un cacique, maître des existences. Là, la mémoire reste suspendue, les corps tombent comme les oiseaux qu’on tire à la carabine, là, à Mambraseca, les contes s’acharnent à combler le quotidien, car tout est bon pour s’écarter du réel. Un village comme tant d’autres, macabrement vivant dans une époque qui s’affranchit de dates.
La guerre épouse la voix, le souffle de l’infatigable Fátima qui s’élance, narre, chuchote la petite histoire terrifiante, lourde, des habitants de Mambraseca, écho de la Grande Histoire. Ainsi les villageois sont-ils immergés dans un conte fantastique, une tragédie, où l’on croise des garçons déchiquetés par les loups, des chiens rôdeurs, des chèvres ensorcelées, des bûchers, mais aussi des potions magiques, l’eau empoisonnée du puits. Les éléments se déchaînent, le peuplier, bois de la crucifixion du Christ, est condamné à frémir ternellement, le tonnerre rugit, les gelées tardives, inattendues, annoncent le déluge, la malédiction. La Tarentelle de Balbina qui bute sur la mesure vingt-quatre distille des notes malveillantes et rythme le désastre, l’absurdité de ce microcosme, des hommes et de leur désespoir. Nous sommes déjà de la ferraille.
Les corps tombent, les tortures fleurissent : c’est le poète Pardero attaché avant le tir fatal, Goro jeté dans un puits, le père assassiné de trois balles en plein coeur droit dans l’âme, le suicide de Honorio à quatre-vingt dix ans qui se dit de trop en ce monde, que la vie [lui] échappe. Une humanité jetable. Et la pluie, les ruissellements dans les galeries, font rejaillir les superstitions et les êtres légendaires tentant de laver la boue, le sang, les gémissements. Beauté et fierté de ce village où le rêve, l’imagination donnent enfin une consistance à la désolation. Il y a les temps perdus, les souvenirs meilleurs des femmes confectionnant les beignets, les scènes burlesques du sourcier Jeromo qui se fie à la douleur de ses testicules pour détecter la source ou du déménagement du piano dont les sons heurtent les oreilles des mules ; autant de moments humoristiques pour apaiser la noirceur.
À Mambraseca, à l’instar de Honorio, « rêveur de ponts », les habitants appartiennent au silence éclatant de leurs rêves et s’abandonnent volontiers à la Tarentelle de Balbina pour conjurer le réel et repousser la mort. « Nous sommes le passé et ce que nous pouvons rêver. » Tous vivent leur inexistence. La Tarentelle est la fierté de ceux à qui la terre appartient et le courage des femmes ; la mesure vingt-quatre crie la plainte des rêves, la lutte contre le silence et l’oubli.
La langue de Manuel Garrido Palacios nous porte audelà du réel avec parfois férocité, grotesque, humour et toujours poésie. Toujours le loup écoute les hommes qui lui confient leur solitude.
Touches blanches, Touches noires ou la voix des limites de la tragédie de l’histoire, celle de Fátima, de la mémoire, et des illusions. Un voyage au coeur du néant. Et une éternité. Ce n’était pas juste de laisser tout le travail à Dieu. Dieu était Dieu et rien de plus.

EMMANUELLE MOYSAN

BARTOLOMÉ DE LAS CASAS


BARTOLOMÉ DE LAS CASAS
Brevísima relación de la destruición de las Indias
Edición de Ignacio Pérez Fernández
Editorial TECNOS

ÁLORA LA BIEN CERCADA

ÁLORA LA BIEN CERCADA
(Etnografía viva)
Manuel Garrido Palacios
Prólogo:  Odón Betanzos
Castilla Ediciones · Valladolid

DIARIO DE VIAJE A ESPAÑA

DIARIO DE VIAJE A ESPAÑA
(1799-1800)
WILHELM VON HUMBOLDT
Traducción: Miguel Ángel Vega
Ed. Cátedra

LA LÓGICA DE LA ESCRITURA


JACK GOODY
LA LÓGICA DE LA ESCRITURA Y LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD

Versión española de Inmaculada Álvarez
Revisión técnica de Jesús Alborés
Alianza Editorial

SASHA ABRAMSKY

La casa de los veinte mil libros
SASHA ABRAMSKY
Trad. de Ángeles de los Santos
Edit. Periférica

España y los españoles hace dos mil años

España y los españoles hace dos mil años
(Según la geografía de Strábon)
Antonio García y Bellido
Austral · Espasa Calpe · Buenos Aires  - México

LOS GRIEGOS Y LO IRRACIONAL

LOS GRIEGOS Y LO IRRACIONAL
E. R. DODDS
Alianza Editorial

LA LENGUA Y EL HOMBRE


LA LENGUA Y EL HOMBRE 
(Introducción a los problemas generales de la Lingüística)
BERTIL MALMBERG
Editorial ISTMO

VIENA

Viena · Kunsthistorisches Museum  
Placa de marfil (Metz · Siglo X)
Tres monjes copistas sostienen el escritorio de San Gregorio Magno

ARISTÓTELES

ARISTÓTELES
ACERCA DE LA GENERACIÓN
Y LA CORRUPCIÓN
·
TRATADOS BREVES DE HISTORIA NATURAL
·
Introd. Traduciones y notas de
E. La Croces y A. Bernabé Pajares
·
Editorial Gredos

Touches blanches. Touches noires

TOUCHES BLANCHES. TOUCHES NOIRES
(Roman)
Manuel Garrido Palacios
Editorial Le Soupirail
Francia

ACERCA DEL ALMA

ARISTÓTELES
ACERCA DEL ALMA
Intr. traducción y notas de
Tomás Calvo Martínez
Editorial Gredos

Del viejo folklore castellano

JULIO CARO BAROJA
Del viejo folklore castellano
2ª ed. · Editorial Ámbito

URNA GRIEGA

El camino a Eleusis

Urna griega, vasija sacramental (450-425 a.C.) para poner en una tumba o junto al lecho de muerte con aceites fragantes. Triptolemo coronado sostiene las espigas eleusinas, se supone que infestadas con cornezuelo, mientras  Demétero Perséfone vierte una libación preparada con el grano. Las figuras quedan separadas por el báculo de Triptolemo, sólo unidas por las espigas y el líquido que se vierte.

EL CAMINO A ELEUSIS

EL CAMINO A ELEUSIS
Una solución al enigma de los misterios
R. Gordon Wasson · Albert Hofmann · Carl A. P. Ruck
Editorial Fondo de Cultura Económica
México

El horizonte de esta obra es un espacio que aporta una mirada inédita sobre algunas ideas centrales en la historia de las religiones. El centro de las inquietudes de los autores es el  enigma de los misterios eleusinos, partiendo de la etnomicología, ciencia nutrida de  erudición, paciencia y audacia intelectual por el investigador norteamericano Wasson a raíz de sus descubrimientos, en la sierra mazateca, de prácticas rituales de origen milenario, a base de los ‘hongos sagrados’ . Con sus vastos conocimientos y la precisión de sus observaciones, el doctor Hofmann, distinguido químico, ha contribuido a la investigación del posible ‘camino a Eleusis’ . El tercer eslabón del libro lo pone Carl A. P. Ruck, estudioso de Grecia, cerrando con ello el apasionante tema del libro, expuesto con una transparencia notable, que requiere una lectura sosegada y cuidadosa por la intensidad de sus implicaciones.

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