MUSEO VÁZQUEZ DÍAZ · NERVA

MUSEO VÁZQUEZ DÍAZ · NERVA
‘EL ARTE DE MI RECREO’
COLECCIONISTAS LOCALES
EXPOSICIÓN · 29 SEPTIEMBRE / 26 NOVIEMBRE

ALOSNO, PALABRA CANTADA



ALOSNO, PALABRA CANTADA
(El año poético en un pueblo andaluz)
Manuel Garrido Palacios
Prólogo de Julio Caro Baroja
1ª edición: 1992 · 2ª edición: 2008
Editorial Fondo de Cultura Económica
Madrid · México

Este es un libro en el que la Poesía ocupa el mayor lugar. Por eso puede parecer extraño que su autor, Manuel Garrido Palacios, haya pedído que lo prologara persona sin ninguna capacidad activa en este orden. Hay, sin embargo, una razón lejana y oculta para que así sea. El que escribe estas líneas lo hace treinta y nueve años después de haber pasado unos dias inolvidables en El Alosno y en otros núcleos de población de esa tierra de Huelva, tan llena en conjunto de verbo poético. Durante ellos asistió a fiestas primaverales como la de la Cruz, a romerías campestres y tomó gran cantidad de notas, dibujando todo lo que pudo. Gran parte de éste trabajo ha quedado años y años durmiendo en carpetas y esperando la coyuntura de poderlo completar y perfeccionar. La coyuntura, como tantas veces en la vida humana, no llegó jamás. Sí ha llegado, en cambio, la ocasión de comprobar que ciertas impresiones e intuiciones formadas durante aquellos dias lejanos, tenían un fundamento muy sólido.
Andalucía es enorme; es tambien variadísima de Este a Oeste y de Norte a Sur. Sus bellezas son variadas en consecuencia. Lo que los ojos captan de modo rápido, los oídos lo van cogiendo mas lentamente y es de belleza mas sutil y dificil, porque es música y palabra y ante la palabra hay que realizar un esfuerzo, sobretodo si no se es del pais, para sobrecomprenderla y alcanzar su belleza. Andalucía es tambien tierra de poetas y de poetas no siempre fáciles. Es por último increible la cantidad de juegos de todas clases que el pueblo andaluz realiza con las palabras, a las que les da, en sí, un valor objetivo podriamos decir. En esto se sitúa en el polo opuesto a aquel en que se coloca el viejo Demócrito al afirmar que las palabras no son mas que sombras de los actos; pero hay que aceptar tambien que en cada parte y aún en cada lugar de Andalucía las palabras, el verbo en suma, tienen expresiones muy variadas y matizadas como es variada la fonética de la lengua. En relación con ésto, algo de lo que primero me llamó la atención en tierras onubenses fué, precisamente, el sonido al hablar, que me pareció muy armonioso, así como la música de las canciones y de los bailes que allí se conservaban de modo diferente a como ocurría en otras partes, que acababa de recorrer: las Alpujarras, la sierra de Cádiz, la campiña de Córdoba. Pude comprobar, por ejemplo, que canciones que me cantaba de niño mi abuela, aprendidas cuando recién casada, allá hacia 1868, vivió en las Minas de Rio Tinto, seguían cantándose de la misma manera que ella las cantaba: en El Cerro, en la Puebla de Guzmán y en el pueblo que es objeto de este hermoso libro: Alosno. Su título anuncia con exactitud lo que contiene: 'Alosno, palabra cantada'. Podría subtitularse: 'El Año poético en un pueblo andaluz'. El Año con sus ciclos de trabajo y sus fiestas, es parecido en muchas partes de la Europa católica, porque a lo largo de el corren Navidades y Carnavales, Cuaresmas, fiestas de Mayo y San Juan, fiestas de verano y otoño... tiene rasgos semejantes en líneas generales en Andalucía y aún lejos de Andalucía.
¿Pero qué pueblo habrá, me pregunto yo ahora , capaz de dar una expresión verbal tan abundante y rica a ese ciclo festivo general?. Alosno canta y expresa sus emociones colectivas de modo que asombra. Manuel Garrido Palacios ha contado con una serie de informantes que le presentó mi amigo Manuel Lisardo Bowie, hijo de Doña Margarita, la cual, el tiempo en que yo andaba por allí, era como la tradición encarnada. Lo sabía todo, podía hablar de todo lo referente al pueblo y en el momento organizaba las fiestas de Mayo, acerca de las que tanto se dice en este libro.
Podría escribirse un denso comentario a lo que en él se recoge, desde un punto de vista técnico, folklórico y etnográfico: pero no es esta la ocasión. Creo que en primer lugar, le quitaría perfume, Poesía en suma. Dejemos, pues, que Alosno cante y oigámosle cantar.
© Julio Caro Baroja
Fotos: Archivos familiares alosneros y Héctor Garrido

TRADITIONS, COUTUMES, DROITS

TRADITIONS, COUTUMES, DROITS EN CÔTE D'IVOIRE



La Fondation Atef Omaïs, dont l'objectif est de promouvoir la santé, l'éducation et la culture, produit également des guides sur les capitales francophones d'Afrique, en plus de carnets "culture et tradition". Tous ces livres ont une vocation humaine et sociale : les bénéfices des ventes sont investis dans les services sociaux de base en faveur des populations les plus vulnérables (nombreuses photos couleur).

LA INVENCIÓN DE LA MÚSICA

LA INVENCIÓN DE LA MÚSICA
Ángel músico
Rosso Fiorentino. 1494-1540 (det.)
Galería de los Oficios (Florencia)


Alguien sopla un hueso hueco y otro lo machaca con una piedra. Acciones tan simples dan paso, sin saberlo, a una de las grandes revoluciones de la especie, pues el que sopla encuentra, sin buscarla, la melodía, y el que machaca el hueso topa, sin proponérselo, con la percusión. A poco que lo hagan con más o menos energía, ligero o cansinamente, dan con el ritmo. De ahí a Bach, Mozart, Beethoven o Vivaldi median milenios, pero así pudo empezar el milagro de la música, cuya secuencia casi completa hasta ahora puede verse, por ejemplo, en el Museo de Arte e Historia Natural parisino, Galería de la Evolución,

© Manuel Garrido Palacios

JUAN RULFO


JUAN RULFO

Asisto a un congreso en el que se habla de Juan Rulfo, escritor que regala a quien lo lee la sensación de haberlo conocido antes de leerlo. Juan Rulfo me pareció siempre un enviado del verbo; su imagen memora la del pregonero del pueblo que él mismo describe gritando que se han perdido un niño, una muchacha… Rulfo pregonó unas señas de identidad que en gran parte perdieron parte de su son nítido. Llegó su voz para tallarse hecha palabra entre nosotros, y quien quiso puso voluntad en escucharlo porque traía ecos que no se opacaban; ecos serenos de sonoros silencios llenos de las desafinadas notas del Zopilote Mojado; sólo quedaba cerar los ojos, abrazar el libro y decirse bajito: ‘Este es. Aquí está’. 
Es mágico el marco donde encaja las historias, el trato con los personajes extremos, su andar por los yermos solitarios, su estar y no estar, el hablar simple de andar por casa elevado a rango de categoría. Gentes de los cuentos pueden entrar o salir de la novela o del guión cinematográfico en un impulso. No hay en sus páginas imágenes confusas; tras la bambalina de cada una lo que cabe ver es un mundo por descubrir, un patio brumoso de arriates con plantas de sonidos, un bosque de expresiones que vienen a conectar con los clásicos, un viaje hacia atrás para recoger lo que quepa en la memoria y seguir luego por donde se iba. En su obra la belleza se abre paso sin entender de fronteras físicas o temporales; sólo para saber de tormentas humanas.
Juan Rulfo posee el inefable poético, cualidad que permite que el lector analice, interprete y se interne en toda suerte de hipótesis sobre su obra. Después de habitar durante años en los anaqueles de la espera, conmueve ver que haya sido traducido a un centenar de idiomas, aunque sería desventaja no leerlo en el suyo, el rulfiano, más allá o acá de las gramáticas; idioma real con virtud de hacer mejor a quien lo lee.
La obra de Juan Rulfo forma parte de la llamada literatura de la revolución porque es un avance en el conocimiento humano, un sacar fuera los ocultos dentros bondadosos, un intento de justicia, un ansia de verdad, un ser y no sólo parecer. Vivimos instalados sobre lo que parece evitar la reflexión para no ver que somos los primeros engañados. Pasa así hasta que entramos en esos espacios revueltamente ordenados y nos paramos a escuchar las voces propuestas por escritores como Juan Rulfo; voces venidas del misterio de la vida para decirnos que no pueden dejar de ser lo que fueron, que no podemos dejar de ser lo que fuimos. Con Juan Rulfo llegó la revolución del lenguaje -no digo idioma- la del color de las palabras -tantas que viajaron a México hace siglos-, la de su sentido hondo, lejano y cercano a un tiempo; palabras que en una orilla desvanecían –y desvanecen- ante la presencia de otras lenguas y en la opuesta se sumaban a la propia y permanecían frescas, capaces de decirlo todo. Los rasgos de la esencia mexicana en la obra de Rulfo están a la vista. Es esencia que llega de un limbo que se difumina en el pasado hasta sólo dejarnos ver lo que hay en primer plano, tras de lo cual está una identidad en parte borrada. Juan Rulfo la topa y nos la muestra desde su sentir cuando dice: ‘un señor que se pone a platicar con la soledad, se pone a platicar con su alma’. 
Se habla de la modernidad de un autor que destaca por recuperar su esencia; esencia que ya Aristóteles señala en su Política, donde invita a ir al origen de las cosas si queremos comprenderlas. A las raíces. En Juan Rulfo es posible rastrear la modernidad cuando enseña el alma colectiva a través de los perfiles, de los gestos, de los labios sellados, de la llama del llano. Enseña el alma porque él la ha buscado en el más atrás para hallarla, aunque herida, maltrecha de tanta revolución quedada, de tanta apariencia. 
Juan Rulfo es esencia desde su propio universo, un clásico nacido en México para enriquecer esta bella lengua que hablamos millones de personas. Estudiarlo en congresos aquí o allá no le dará premio ni despremio; sólo ayudará a conocerlo más y mejor. El premio será siempre para ese aquí o allá donde suene su nombre.

Manuel Garrido Palacios

MEMORIA DE LAS TORMENTAS

MEMORIA DE LAS TORMENTAS

Manuel Garrido Palacios.
Calima Narrativa, Palma de Mallorca, 174 págs.
por Francisco Morales Lomas


Garrido Palacios es un sólido narrador del que se debería hablar más, pero por razones que ignoro no se hace lo suficientemente, a pesar de que posee una obra de contrastada calidad literaria.
“Memoria de las tormentas” pertenece junto con “El Abandonario” y “El Hacedor de Lluvia” a la “Trilogía de Herrumbre”. Por momentos, al leer esta novela, me han venido a la memoria Castroforte del Baralla, sede y alma de “La saga/fuga de J. B.” de Torrente Ballester, “Volverás a Región” de Juan Benet y “Celama” de Luis Mateo Díez; pero también a Camilo José Cela en el gracejo de la narración y en la soltura compositiva. “Memoria de las tormentas” es, incluso, una reminiscencia de los espacios rurales tan extraordinarios que ha creado la literatura latinoamericana por obra del gran Rulfo, de Borges, de Vargas Llosa, de García Márquez...
Garrido Palacios con esta obra desciende a la memoria a través de una anciana cercana a los cien años, doña Dulcedumbre, que va conformando la historia de Herrumbre y la historia personal (una especie de nueva Úrsula Iguarán (el personaje mágico de “Cien años de soledad”), etérea y fantasmal, que posee una enorme fuerza como creación literaria personal y propia, a pesar de las evocaciones aludidas.
A través del esquema narrativo de la historia contada a “un caballero” que llega al pueblo, la voz homodiegética del personaje se hace presente y cuenta desde la primera persona y a través del monólogo interior sus vivencias, sus sensaciones y sus desencuentros con el mundo y sus habitantes: “No quiero cansar al caballero. He contado esto tantas veces que me he convertido en la historia misma. Ya ve que voy de mis recuerdos a mis recuerdos a través de mis recuerdos” (p. 21). En otro momento le insistirá a su receptor: “Le cuento a usted lo poco que sé, tres migajas, ¿qué podemos saber unos de otros?” (p. 120). Estamos ante la narrativa oral que la memoria en pequeños trazos construye, y es Dulcedumbre con su ánimo, su gracejo y su tristeza la que nos va envolviendo en ese aire sorprendente conformado por los trazos agridulces (como su propio nombre) de la existencia: “¡Ah!, mi cabeza es un saco de historias en el que meto la mano y saco jirones” (p. 34). Aunque, en realidad, podríamos considerarla una intermediaria de la abuela Bonaparte, que fue la que contó estas historias después de darle un sorbo largo al aguardiente. Un homenaje a la memoria, que como dice Dulcedumbre, no puede ser amordazada ni ser pasto del olvido. Pero, aparte del rico anecdotario que encuentra el lector, plagado de fantasmas y seres mágicos, la historia de Dulcedumbre permite adentrarnos en una filosofía de vida, en un modelo cuasi moral, si me apuran, profundamente humano, en el que gastó su vida, complaciendo siempre a los demás pero sin ser complacida.
Una España atrasada y esperpéntica, múltiple, abigarrada y plural conforma esta agridulce obra en la que la paleta negra está muy presente, un color que ha sido consustancial a nuestra historia como pueblo. Goya nunca se equivocó con sus cuadros del Callejón del Gato y tampoco Valle con don Latino de Híspalis y Max Estrella. Una España de espejos deformados y personajes al filo del esperpento o ya esperpentos propiamente. Y el absurdo mayor surge en estados de guerra: “Toma una escopeta y a pegar tiros. ¿Contra qué? Tú tiras en esa dirección y no preguntes (…) Detrás se esconden los malos, el enemigo. Cualquiera es el enemigo” (p. 31).
Dulcedumbre, veinte años, se va con el seminarista a la capital, donde trabajará en una taberna, y deja Herrumbre, su pueblo, que alguien le había dicho que no existía en el mapa. Pero el enamoriscamiento duró poco y pronto se casa con otro. Se van intercalando historias como la del pariente Onofre, o de Onésima que cazaba gatos por hambre, la historia de Teresona, el político Donglorio (sobre el que ironiza constantemente), la historia de Remilga que nos ha retrotraído a los esquemas y el espíritu de la narrativa picaresca española. De hecho en la página 62 hay una alusión expresa a obras como “Lazarillo de Tormes” y “Guzmán de Alfarache”, y ese texto, casi textos de textos que es el “Himnario”, presidiendo como memoria común de unos seres que pedían que se diera fe de la existencia del pueblo y acompañaba a Dulcedumbre siempre.
Los efluvios amorosos de Tío Livio y la burra Mica, que nos adentran por una geografía humana escabrosa y triste en torno a una sexualidad mal entendida, por no hablar del mocito de Herrumbre que “se daba maña en masturbar a los muchachos, llegando a hacer dos pajas distintas al mismo tiempo con bastante arte” (p. 40). Y surge entonces una evocación evidente de la novela “Mazurca para dos muertos” de Cela, que le valió el Premio Nacional de Narrativa. Sexo y hambre como elementos que trascienden el discurso narrativo de Dulcedumbre y nos adentran en un imaginario colectivo.
Una de estas historias es la de Rufina, que le cortó el pene a su amante, y cuando así hizo, dijo: “Se acabó la comedia” (p. 81). O la historia de la muchacha que se dedicaba a enseñar sus bragas al Cuartoquilo diciéndole para lo que servían éstas: “Las bragas sirven para guardar el coño” (p. 83). Un valor simbólico el de todas estas historias que emergen como una imagen en sepia de época, en un país, en unas circunstancias dominadas por una absurda y sangrienta represión en todos los ámbitos de la vida cotidiana. También tiene su gracejo y suculencia la historia de Onésima, a la que rondaba un viajante de libros, Fructuoso, que era muy respetado en el pueblo por su forma de pronunciar el nombre de los autores de los libros, entre los recomendados estaban los de un tal Somersemogan (William Somerset Maugham, escritor inglés de mediados del XX) y el Masensevadermé (Maxence Van der Meersch, francés, autor de Cuerpos y almas). Y cuando la Onésima se quedó preñada, le dijeron: “¡Mira que dejarte empreñar! Ella contestó: Es que es de un inglés”. Historias y anecdotarios que conforman un paisaje humano, un mundo, una creencia y sobre todo una filosofía de vida que muestra el atraso y la incultura de un pueblo: “En Herrumbre no hay listura. Quería decir cultura, pero le salía listura” (p. 106). Una España dura en la que los niños iban poco tiempo a la escuela porque enseguida los ponían a cuidar el ganado, aunque sería al cabo la Naturaleza su maestra. Esta imagen genera también una ambientación costumbrista a la que no es ajena la novela y una incidencia manifiesta de un espíritu de época donde la desfloración y el sexo formaban parte directa de sus vidas de modo permanente. Y en esa complacencia por los elementos que conforman la cultura del pueblo, uno de los capítulos (pp. 120-127) está centrado en el análisis de la lengua. Y entre otras cosas dice: “Abuela Bonaparte no soportaba que dijéramos peo en vez de pedo (…) Peo y pedo huelen igual, pero tienen su distingo (…) Sepa usted que el jigo que usted pronuncia es una barbaridad (…) No hagamos una guerra por una letra, que de una u otra forma lo que yo quiero decir es que estoy hasta el coño (…) Había que decir cataplines por cojones (…) En la taberna de Mateo aprendí lo que corta el alma una mirada y también palabras nuevas”. Creemos que en este ámbito está también presente el espíritu de Camilo José Cela en el gracejo, en la socarronería, en la construcción deformada de los personajes y en la degradación de una sociedad atrasada con tan solo pequeños y significativos trazos.
Pero desde luego, algo que siempre en los pueblos es bastante recurrente es la trascendencia del paso del tiempo, la relación con el silencio y la diferencia de éste con la capital pues las cambios sólo llegaban a aquél después de años; noticias que se habían producido hacía tiempo se tomaban como una novedad al cabo, y la huida de un lugar que todos odiaban cuando en realidad lo que odiaban era un época, un modo de vida, un pensamiento que va organizado a través de una aleatoria presencia de historias breves y poemas que ayudan a comprender la filosofía subyacente, como éste: “Qué pueblo tan raro, / tan extraño éste, / sale el Sol por la mañana/ y por la tarde se vuelve; / debajo de cada techo/ un potajillo se cuece / y al fondo de cada olla / hay un Herrumbre silente, / un Santrás, un Carriponte / y un cabezo Lajareque; / pucheros en las cocinas, / leche, leche, leche, leche”.
En esta novela también hay frases para la posteridad y modelos: “Más une el hambre que el amor” (p. 46); “Somos porciones de la gran nada” (p. 65); “No hay que ponerle más música a la verdad, que luego lo que sale es el cuento del membrillo” (p. 78); “El amor es un lujo; el odio anida donde falta el amor. Diría que el amor es un odio agazapado y el odio es un amor en trance” (p. 78); “Cada mujer era un mundo y cada hombre un proyecto” (p. 78); “Toda época es un tránsito y que sólo vives en el instante en el que percibes que vives, ese que es inmedible porque parece eterno” (p. 79); “Ahora sé que un pedante puede ser un imbécil montado en un libro” (p. 94)… Una de las más suculentas es ésta: “A uno que andaba en trance de muerte el cura le ofreció ir al Paraíso y el tal le dijo: Déjese de tonterías; como en mi casa no voy a estar en ningún sitio.” (p. 173).
En definitiva, “Memoria de las tormentas” es una novela que conforma un mundo propio, la España del franquismo, una España atrasada e inculta en la que los personajes deambulan en torno a instintos y situaciones absurdas. Con habilidad, soltura y gracejo crea una historia, pero sobre todo conforma una época y un modo de ser y de estar en el mundo.
© Francisco Morales Lomas

PALABRAS DE ANDAR POR CASA


DICCIONARIO DE PALABRAS DE ANDAR POR CASA
(Huelva y sus pueblos)
Manuel Garrido Palacios
3ª Edición: Editorial NIEBLA
2ª Edición: Universidad de Huelva
1ª Edición: Calima Editores (Madrid / Mallorca)

VIAJE A LA SIERRA DE ARACENA


VIAJE A LA SIERRA DE ARACENA
(Una cala en la tradición oral)
Manuel Garrido Palacios
Editorial NIEBLA
En la presentación en Aracena:
M.Moya · M.Garrido Palacios · M.Guerra · Rafa Pérez

LA CELESTINA


LA CELESTINA
Tragicomedia de Calisto y Melibea
FERNANDO DE ROJAS
Edición de Dorothy S. Severín
Introducción: Stephen Gilman
Alianza

CARTAYA



CARTAYA
Manuel Garrido Palacios
Edición bilingüe español-inglés · Traducción: William Truini 
Fotografía: Carlos Ortega · Nota previa: José Mª Pérez Peridis 
Editorial Lunwerg

LE FAISEUR DE PLUIE


LE FAISEUR DE PLUIE
Manuel Garrido Palacios
EL HACEDOR DE LLUVIA
1ª edición - Calima. Mallorca
2ª edición · L'Harmattan, Paris
traduit par Isabelle Toledo / William Rozenblat

Exekias, alfarero


Exekias, alfarero, firma el ánfora ateniense
de figuras negras (aprox. 540-530 a. C.), 
procedente de Vulci, Italia,
cuyas imágenes muestran a 
Aquiles matando a Pentesilea,
reina de las amazonas, de la que, 
según la mitología,
se enamora en tan trágico momento.
(Museo Británico. Londres)

RAFAEL SOLER

RAFAEL SOLER
No eres nadie hasta que te disparan
Ediciones Vitruvio

Revista de Folklore 426

Revista de Folklore 426

LO DICHO Y LO ESCRITO


CULTURA DE VOCES Y DE LIBROS

          En un cortijo de la Axarquía me dice la señora Dolores que el poleo es “mano de santo para las almorranas”. Y Sebastián de Covarrubias anota en 1611 que la flor del poleo, mezclada con tuétanos de ternera, resuelve admirablemente las almorranas y les quita el dolor”.
En un viaje por pueblos de los montes de Málaga, Mateo, labrador, me dicta esta receta, aprendida de su abuela, para equilibrar humores del cuerpo: “se dejan macerar en agua durante la noche dos dientes de ajo, un cuarto de cebolla y medio limón. Por la mañana se cuela todo y se toma en ayunas”, noticia que plasmo en mi libro “Álora la bien cercada”. Casi al mismo tiempo recojo la misma receta en la Plaza del Coso de Fuenteheridos, en una noche mágica, documento que queda en mi libro “Viaje a la Sierra de Aracena”.
Son ejemplos transmitidos por la tradición oral. Lo curioso es que en “El libro de la almohada”, escrito muchos siglos atrás, se describe la misma fórmula, con leves variaciones: “Se toma el ajo, se le quita la cáscara, se tritura perfectamente, se echa en agua, se deshace, se pasa por un tamiz tupido, se agrega miel, en cantidad dos veces superior a la del ajo, y se pone a cocer hasta que alcance consistencia”. A veces abres una obra y aparecen en tu lenguaje interno las palabras de Fray Luis de León: ‘Decíamos ayer’. No importa de qué traten sus páginas, ni qué fecha tenga su edición príncipe. Lo cierto es que se referirá a nosotros en cualquier secuencia temporal, a aquello que iniciamos en un entonces lejano: en su lectura descubrimos las huellas de lo que hacemos hoy. Vienen al hilo las palabras del sabio: ‘Sólo sé que no sé nada’, a las que cabría añadir ‘o casi nada’, ya que, al menos, se sabe que no se sabe. O las más cercanas de León Felipe, cuando confiesa en su Antología rota: ‘Yo no sé muchas cosas, es verdad; / digo tan sólo lo que he visto’.
          Estos elementos majados en la marmita diaria vienen a cuento porque ando en un estudio que me lleva a consultar textos de cierta edad, como el “Macer Floridus” de 1477 o el antes citado “El libro de la almohada”, recetario médico árabe del siglo XI escrito por Ibn Wafid de Toledo. En estos y en otros me he llevado la agradable sorpresa de encontrar recetas que también he recogido de viva voz en trabajos de campo por pueblos de España, materiales que, aparte de quedar fijados en las obras en fechas más o menos lejanas, han permanecido en la memoria colectiva y en la práctica diaria como parte de una cultura que nunca se fue ni tuvo por qué hacerlo.

© Manuel Garrido Palacios
                     



HISTORIA DE LAS MUJERES

HISTORIA DE LAS MUJERES
En Occidente · 1 · La Antigüedad
Bajo la dirección de Georges Duby y Michelle Perrot
Ed. Taurus

LA RAMA DORADA


SIR JAMES GEORGE FRAZER [1854-1941]
LA RAMA DORADA
Traducción: Elizabeth y Tadeo I. Campuzano
Fondo de Cultura Económica
México · Madrid · Buenos Aires

Obra que figura con justicia entre las grandes investigaciones de nuestro siglo. Poco dice el solo título para quien no esté familiarizado con el libro, que constituye una de las exposiciones más claras, completas y sistemáticas que se hayan publicado acerca de las costumbres y el folklore de todo el mundo. La índole de la investigación llevó a su autor a hacer hincapié en los pueblos primitivos, y, por ello, esta obra constituye también, desde otro punto de vista, una especie de mitología comparada; a través de ella pueden apreciarse extrañas supervivencias espirituales de nuestros antepasados. El autor inicia su estudio buscando los fundamentos del misterioso culto de Nemi, cuyo sacerdote se mantenía como tal hasta que otro lo mataba y ocupaba su lugar; y después de recorrer un largo trecho por el mundo de las religiones primitivas, encuentra la razón de tan extraño rito en el hombre hecho Dios debía morir al acercarse a su ocaso, para garantizar así un dominio eficaz del viento, la lluvia y la fructificación. Sir James George Frazer fue uno de los primeros que intentaron sistematizar el mundo aparentemente abigarrado de la magia, y su clasificación de magia homeopática y magia contaminante tiene aplicación universal y señala el punto de partida de posteriores investigaciones. Fue él quien rescató para la cultura el origen de muchas costumbres vigentes en los pueblos occidentales, señalando que se derivan de un antiquísimo culto del árbol y de las fuerzas naturales. Junto a ello hizo ver cómo la creencia en los principios sobrenaturales, predominante en quienes no disponen de una explicación científica, funciona con sorprendente regularidad en todas las latitudes y constituye el antecedente lógico de la religión y la ciencia modernas. 

Rafael Moreno



Rafael Moreno
PERSEGUIDOS
1 Un sastre contra el rey
2 El infierno en la isla de Saltés
3 Miguel Hernández: libertad frustrada
Prólogo: Francisco Espinosa
Edita: RMHSA. Sevilla



Tres capítulos esenciales contiene Perseguidos, obra escrita por el periodista Rafael Moreno (Cumbres Mayores, 1964). En el primero: Un sastre contra el rey, indaga en la biografía del republicano José Domínguez «El Sastre» (Puebla, 1918), que con doce años de edad participa en el levantamiento de Galán y García Hernández contra la monarquía de Alfonso XIII. Luego, en los años de plomo. la represión franquista se ceba con su familia hasta hacerla perder cinco miembros, incluidos sus padres. José recuerda en su manuscrito el asesinato de 15 mujeres en el pueblo, infamia histórica conocida como Las Rosas de Guzmán. Sus trabajos de campo sirven para documentar 100 asesinatos en su entorno. El capítulo se completa con el manuscrito de Rodrigo Miguela, al que las circunstancias obligan a vivir como un topo cinco años en un zulo de un par de metros cuadrados hecho por su padre en su casa. Allí siente morir a sus progenitores sin poder darles el último beso. Una dramatización basada en estas experiencias cierra este viaje por la represión franquista entre 1936 y 1939.
El segundo capítulo se centra en el campo de concentración de la Isla de Saltés, entre Huelva y Punta Umbría, siniestro lugar al que el ejército de Franco traslada a miles de presos republicanos capturados tras la caída de Cataluña. Basado en los testimonios de vecinos de Punta Umbría, Moreno revive el discurrir en aquella isla de los horrores y documenta la metodología represiva de las autoridades carcelarias. La obra describe a Saltés y el Muelle Pesquero como una ciudad infernal ubicada a tiro de piedra de Huelva y visible desde las mismas calles de Punta Umbría. donde malvivían miles de presos en lamentables condiciones. El diario del Tomás Gento Álvarez y el testimonio de Emilio Fernández «El Platero» sirven de base a la narración de unos hechos un tanto dispersos en la memoria colectiva onubense.
El tercer capítulo del libro está dedicado al periplo carcelario del poeta Miguel Hernández Gilabert, en los nueve días transcurridos desde que el poeta es detenido en Moura (Portugal) al intentar vender el reloj de boda que le regaló su fiel amigo Vicente Aleixandre y entregado en Rosal a las autoridades franquistas en mayo de 1939. Sus cartas a Josefina. el recuerdo de su hijo. las torturas que sufre en lo que es su primer calabozo. el paisaje y los versos de los campos secos de mayo están presentes en el libro.
El libro sabe a memoria triste. Es memoria triste. Necesaria de sacar a la luz, como ha hecho Rafael Moreno, escribiéndola soberanamente, además. La memoria nos corresponde a todos, y la tristeza. No en balde, como decía el muerto a Tasio: sólo somos memoria más un sueño.

EL PÁMPANO ROTO

EL PÁMPANO ROTO
(Apuntes etnográficos)
Manuel Garrido Palacios
Calima Edit. Palma de Mallorca. 492 pgs.

La rica mirada etnográfica

MGP reúne aquí un conjunto amplio de apuntes sobre la Etnografía española, una muestra de su rica tradición popular y del mejor hacer etnográfico. Rezos como la oración a San Antonio "pra que guarde o ganado", recetas de medicina popular, frases y refranes recuperados de la memoria de los viejos lugareños, artesanías ancestrales vivas como los encajes de bolillos de Camariñas o a punto de desaparecer, canciones y romances con regusto antiguo, ritos, manifestaciones peculiares de fervor religioso como el descuelgue del Cristo Articulado de Barcianos de Aliste, entre otros muchos materiales del saber ancestral español, y que aquí se presentan en una prosa viva, plena de matices.
© María Luisa Regueiro. Revista RyF.
© Foto de portada: Héctor Garrido

ÍNDICE:

1 . ISLAS CANARIAS
EL PÁMPANO ROTO. Barranco de Guayadeque. Las Palmas / REQUIEM POR EL BARRO. Hoya Pineda. Las Palmas / EL ZORROCLOCO. Santa Lucía. Las Palmas / LA PESCA DE LA ZALEMA. Hierro.Tenerife / TABLAS, TAJARASTE y HACHITOS. Icod de los Vinos. Tenerife / LA SOMBRA DEL SIRINOQUE / EL CALABAZO / EL REGATÓN. La Palma. Tenerife
2 . GALICIA
LA ÚLTIMA ALDEA. Fonfría. Lugo / EL LATIR DE LOS BOLILLOS. Camariñas. Coruña / UN PUEBLO MÁGICO. San Andrés de Teixido. Coruña
3 . LEÓN
LA HISTORIA DE FAUSTINITA. La Vecilla. Nocedo de Curueño / NACÍ MARAGATA. MARAGATA MUERO. Val de San Lorenzo
4 . ASTURIAS
ARTO BENDITO, HUMEIRO MALDITO. Boal / LA GAITA DE AGAPITO. Caborana. Moreda / TODOS LOS CAMINOS SON EL CAMINO / UNA VAQUEIRA ENCONTRÉ. Luarca / CESTEROS. Avalle. Arriondas / A PIE DE CAMINO. Sama de Langreo. Pola de Siero / EL GRAN AMOR DE ALMALINDA. Covadonga
5 . CANTABRIA
MASIO EL TROVADOR. La Hayuela / LOS FEOS CRÍMENES DE GRANADA Y SALAMANCA. Casar de Periedo / UNA PARTIDA DE BOLOS. Santillana del Mar
6 . ÁLAVA
EL CACHIMORRO. Labastida / LEYENDA DE LA PRINCESA MIRA. Desde Vitoria a Miranda
7 . NAVARRA
EN ITZEA CON JULIO CARO BAROJA. Lanz. Zubieta-Ituren
8 . RIOJA
TODO UN GLOSARIO. Villoslada de Cameros / LA GALLINA Y EL AHORCADO. Santo Domingo de la Calzada / LOS GIGANTES PICUEZO Y PICUEZA. Autol / LOS DANZADORES CON ZANCOS. Anguiano / EL GAITERO. EL CRISTO DE LA CAJA. Albelda
9 . SORIA
LA PINOCHADA. Vinuesa
10 . SALAMANCA
ANTOLINA, FLOR DE LINA. La Garganta / RETRATO DE EL GUINDA. La Alberca / EL CANCIONERO DE LA TÍA PETRA. Miranda del Castañar / LOS BANASTEROS. Montemayor del Rio / PARADA Y FONDA. Monsagro / SÓLO QUEDAN LOS ECOS. Peñaparda
11 . VALLADOLID
EL ÁNGEL QUE BAJA. Peñafiel
12 . ZAMORA
LA LEYENDA EN SUS VOCES. Sanabria / POR UNA TRUCHA, UNA VIDA. Zamora / EL ZANGARRÓN. Sanzoles / EL TORO ENMAROMADO. Benavente / EL CRISTO ARTICULADO. Bercianos de Aliste
13 . SEGOVIA
EL ÚLTIMO CANTAR DE CIEGO. Carbonero / LOS SANTOS MOJADOS. Caballar
14 . GUADALAJARA
EL BAILE DEL PALOTEADO. Majaelrayo / LOS BOLOS EN LA MONTAÑA. Valverde de los Arroyos
15 . CUENCA
LA ENDIABLADA. Almonacid del ;Marquesado
16 . TOLEDO
EL ROMANCERO AL PASO. Gamonal
17 . ÁVILA
EL GIGANTE MAQUILANDRÓN. Piedralaves
18 . CÁCERES
NOVIAZGO, BODA Y TORNABODA. Piornal / LA ROSCA A SAN ROQUE Y OTRAS ROSCAS. Piornal / LAS COSAS. LA CASA. EL PUEBLO. Garganta la Olla / LA BELLA CAUTIVA. Montánchez / PRINCIPIO O FINAL DEL CAMINO. Las Hurdes / LA ENCAMISÁ. Torrejoncillo / LOS CULTOS AL NIÑO-DIOS. Galisteo / EL VÍA CRUCIS DE LOS EMPALAOS. Valverde de la Vera
19 . BADAJOZ
LA MORA ENCANTADA. Cabeza del Buey
20 . CATALUÑA
A QUIEN BIEN BAILA POCO SON LE ES MENESTER. La danza
21 . HUESCA
EL SALTERIO DE FAUSTINO. Yebra de Basa / LA TRAGEDIA DE AGUSTINICA. Pueblos altoaragoneses / EL DANCE. Sariñena / LA RONDA, EL DANCE, EL JUSTICIA. Almudévar
22 . TERUEL
DOS ANCIANOS MÚSICOS. Albarracín / LA SAETA. LOS TALLERES CALANDINOS. Calanda
23 . CASTELLÓN
TARDE DE DANZAS. Vinaroz / EL NIÑO GUISADO. Morella
24 . ALICANTE
LAS CANCIONES DE PANDORGA. Villena
25 . BALEARES
UNA VOZ EN LA MOLA. Formentera / MATEIXA DE NA MARÍA Y OTRAS DANZAS. Son Servera. Mallorca / APUNTES MEDITERRÁNEOS. Ibiza / CANCIONES CAMPESINAS. Sa Pobla. Mallorca
26 . CÁDIZ
EL TORO EMBOLAO. Vejer de la Frontera / DE CORTIJO EN CORTIJO / LA BAMBA. El Gastor
27 . MÀLAGA
EL PATIO DE JIMENA. Coín / CANCIONERO VIEJO. Churriana / LA BIEN CERCADA. Álora
28 . ALMERÍA
HECHO A MANO. Níjar / LA CUADRILLA DE ÁNIMAS. Vélez Blanco
29 . GRANADA
TROVEROS DE LAS ALPUJARRAS. La Rápita. Albuñol
30 . HUELVA
LA MEMORIA DE ESPIRI Y AMELIA. Santa Ana la Real / LA VOZ TALLADA DEL PASTOR. Valdelarco / CALLE BOMBA, SIETE. Valdelarco / TIEMPO DETENIDO. Valdelarco / UN JUGLAR INESPERADO. Alosno / UN LEGADO DE FANDANGOS. Alosno
31 . ALBACETE
LA TORTA CENCEÑA DEL PASTOR. Sierra de Alcaraz / EL ÁNIMA MUDA. El Ballestero / BOCHAS, BOCINAS Y ALFARES. Chinchilla / DÍA DE NEVADA. Nerpio
32 . MURCIA
JUEGOS DE ALDEA. La Risca y La Pava
Bibliografía

VINCENT VAN GOGH

VINCENT VAN GOGH
Autorretrato con caballete (1886)
MUSEO VAN GOGH · Amsterdam

La tumba donde reposa Vincent van Gogh está en Auvers sur Oise, pueblo que queda a hora larga al norte de Paris, cruzando los paisajes testigos del tramo final de su trágica historia. Parece que el caminante entrara y saliera de continuo de algunos de sus cuadros cuando va. La tumba está junto a la de su hermano, rozando una de las tapias del recinto sagrado, ambas cubiertas por una densa capa de hiedra de la que sobresalen los fríos datos tallados en las lápidas: Vincent (1853-1890), Theodore (1857-1891). Sobre las reticencias surgidas para que Vincent fuera enterrado aquí por las circunstancias de su muerte, se impuso la razón. El cementerio de Auvers sur Oise, de extensión media, sin tapias blancas, sino pardas, coronadas de musgo, acoge a diario, desde temprano hasta el ocaso, una discreta peregrinación de sensibles. Si se deja atrás la última casa del pueblo, para llegar a la verja hay que atravesar trigales que se infinitan a ambos lados, tapices ocres sajados por el sendero, y si luce una luz de otoño y el caminante encara sin prisas el grandioso marco, éste le dirá a sus sentidos que esos trigos maduros son los mismos que el artista pintó. En los meses finales de los treinta y siete años que estuvo entre nosotros, creaba constantemente: testamento artístico de setenta pinturas, treinta dibujos y un solitario grabado. No se sabe qué hubiera sido del pueblo de no haberlo habitado Vincent van Gogh y de no poder contar ahora cuanto se cuenta. Lo cabal es que Auvers le debe al pintor ese hormigueo humano que no cesa así llueva, truene o resplandezca la luz atenuada de esta comarca francesa. Auvers sur Oise agradece al artista la llamada de atención que hace al plasmarla en la tersura del lienzo, apasionadamente además. Por eso el pueblo ha respetado el paisaje tantas veces pintado y no ha consentido que se edifique nada que lo rompa, enturbie o manche, para que siga como él lo vio y lo amó. En una cuesta suave hay una venta cuyo dueño muestra orgulloso el cuarto en el que vivió Vincent, cuyos pinceles expresaron con tanta intensidad lo que veía: colores, formas, macizos, vacíos; y hasta puede que te cuente la desazón de sus amores no correspondidos como quien da a probar una amargura, y el mal que lo envolvió en un sudario de silencios, y el disparo que acalló sus latidos. Y la soledad: eso que nadie escoge. Una nube suelta deja caer cuatro gotas en el camino de vuelta del cementerio al pueblo, ocasión para que el caminante, refugiado bajo la fronda de un árbol, observe cómo el mar de trigo tiembla merced al soplo inesperado del viento que pasa. E imagina que llega la hora mágica en la que el espíritu inquieto de Vincent van Gogh, pasea por estos campos conservados para él mientras busca el encuadre ideal para pintarlos. Es como si el trigo, al saberlo, se estremeciera.
© Manuel Garrido Palacios

SEGUNDA CELESTINA


SEGUNDA CELESTINA
Feliciano de Silva
Edición: Consolación Baranda
Cátedra

JUAN VILLA

EL AÑO DE MALANDAR
Juan Villa
Ed. Paréntesis

A Juan Villa lo vi una tarde en una librería buscando algo de Villalón, no de Cristóbal, el de El Escolástico o El Crótalon, sino de Fernando, nacido tres siglos más tarde: el de La Toriada o Andalucía la baja. De todas formas, ambos parecen –o lo son– antepasados suyos en aumentativo: Villa, Villalón. Después coincidimos en el jurado de un Festival de Cine en el que teníamos que premiar “una película con valores positivos sobre el medio ambiente”. Toma ya. Más adelante –me remito a la época medieval- lo encontré en Doñana buscando eslabones sueltos de viejas culturas y de una historia que le rondaba desde siempre. Por último, nos hemos visto como miembros de otro jurado, esta vez, literario y todo eso. Podría decirse que no es Juan Villa el pícaro de Quevedo, pero sí el buscador, el buscón, a su modo, de huellas de un pasado del que se le enredaron flecos en la memoria, y añadir, que con hallazgos dignos de mentarse. Por ejemplo, procurando documentos para un estudio de derecho comparado en la Europa de los siglos XVI y XVII en la Biblioteca Colombina de la Catedral de Sevilla, topa con un curioso libro de asientos con una nota de la época en la que reza que había sido requisado por la justicia en una casa del Compás del Arenal, que, como después supo, fue corazón de la germanía y pulmón de truhanes y buscones durante el siglo XVI.
Tras dos relatos publicados: El lobito (1998) y Última estación (1999) surge en 2005 el Juan Villa novelista con Crónica de las arenas, obra que tuvo una excelente acogida por estos y por otros pagos. Luego vino una segunda novela: El año de Malandar, que podría considerarse o no continuación de aquella primera. Y lo que iba a ser un monólogo se convierte en una grata charla.
Pregunta: ¿Es como digo?
Respuesta: Más que una segunda parte de Crónica de las Arenas, yo diría que El año de Malandaremana del mismo magma, de ese mundo que delimitan el Guadalquivir y la Ría de Huelva, las marismas y la playa de Arenas Gordas; lo que en un sentido amplio conocemos por Doñana.
P: Se dice que por muchas novelas que se escriban, cada autor sólo escribe una con varias entregas, pero una.
R: Certifico la aseveración; al menos en mi caso es así, y pienso que de alguna manera en todos, por mucho que se travista un escritor siempre es él el que habla y única su historia, o su tono, que es en definitiva lo que lo caracteriza.
P: Leo El año de Malandar y tiene forma de Diario.
R: Es un diario mezclado con cartas, historias intercaladas e intervenciones directas de voces técnicamente amañadas. Trata de mantener la coralidad de Crónica de las arenas, aunque el lector entre o no en ese juago.
P: Ya que salen personajes y temas de la primera novela, ¿podría convertirse todo al final en una trilogía al uso?
R: Confieso que en un momento dado diseñé una trilogía, pero tengo que añadir que la trilogía se me ha ido de las manos. Como decía, ahora me nutro en una suerte de magma del que emanan novelas, dos hasta ahora, relatos y una nouvelle que estoy terminando: Los almajos.
P: Decía Don Julio Caro Baroja que escribir era fácil comparado con encontrar editor. No creo que se refiriera a él.
R: Considerando las penalidades que escucho en boca de algunos buscadores de editor, tengo que decir que, hasta ahora, me ha ido bien. Paréntesis, mi actual editorial, reúne las condiciones que un autor busca, sobre todo el buen trato y la buena distribución.
P: Pienso que el escritor escribe, en principio, para sí mismo, y si luego alguien comparte sus palabras, mejor. Lo cierto es que es un trabajo duro.
R: La novela, frente a otros géneros, tiene la poco literaria exigencia del horario: o te sientas a trabajar unas horas todos los días como el que fabrica tornillos o va a coger fresas o la cosa no sale; de un golpe de inspiración no nace una novela, y de esas horas gastadas en escribirla, las hay de gozos y de sombras, no sabría decir si más de una cosa que de otra.
P: Además del gozo estético de toda obra bien hecha, ¿por qué se debería leer El año de Malandar?
R: Porque aporta luz sobre dos cuestiones que, desde mi punto de vista, han tenido siempre el máximo interés: la llegada de la II República y el mundo antiguo de Doñana.

© Manuel Garrido Palacios